lunes, marzo 27, 2006

2.1

Las calles del exterior parecían gigantescas e infinitas pistas de aterrizaje. El color gris del cemento se extendía hasta más allá de la capacidad del ojo. A Jesús le recordaba el salar de Atacama, estuvo ahí una vez en su primera juventud y es una de las cosas más antiguas que es capaz de recordar.

Caminaron por un par de horas hasta llegar al lugar donde hace cientos de años comenzaba a levantarse una porción de la imponente cordillera de los andes. Ahora en su lugar un profundo cañón aparece a sus pies.
Estas fallas pueden llegar a ser abismos gigantescos que llegan prácticamente al centro mismo del planeta, pero también existen zonas menos profundas.

- Ves a alguien?
- No… tu?
- No estoy seguro, bajemos un poco.

Descendieron por una quebrada. Unos doscientos metros más allá una gran pared de piedra les bloqueaba un poco la visión. Al pasarla otra bajada daba paso a una planicie medianamente extensa.

- Ahí veo carpas, las ves?
- Si… algún perdido?
- …. mmm, parece que ahí hay dos.

lunes, marzo 20, 2006

1.8

Los altoparlantes anuncian la entrada de un nuevo turno. La mitad de la sala se para y avanza desapareciendo hacia las profundidades de la tierra.

- Me parece que el problema no es que no podamos sentir frustración, sino que en verdad esas cosas que quisiéramos sentir ya no nos importan, no las usamos, y como no las usamos el cerebro las comienza a borrar.
- ………..
- Inevitablemente vamos en camino a convertirnos en masa, y si lo piensas no po…
Su amigo no lo estaba escuchando. Sus ojos seguían pegados en el techo, totalmente abiertos y sin pestañar, las pupilas dilatadas, inmóvil. Solían entrar en esos estados de trance. Jesús creía que era el cerebro demandando por el sueño, pensaba que quizás en esos segundos lograban soñar por algún momento, aunque, claro, jamás recordaban algo. A Juan le encantaba dormir, cuando aun podía.

- Juan!!
- …… mmm?, nos toca?
- No, estabas pegado…
- Cuanto falta?
- 6 Horas.
- Vamos a caminar?
- Eeee… bueno, vamos…

martes, marzo 14, 2006

1.7

Ahí estaban nuevamente en ese gigantesco galpón blanco y luminoso. Estos monumentales almacenes de personas estaban repletos con sillones de cuerina blanca, los pisos alfombrados color blanco de pared a pared, mesas blancas con jarrones y vasos blancos, todos llenos de ese brebaje blanco muy parecido a la extinta leche.

- Que mierda será esto?
- Anda a saber.
- Ni siquiera tiene sabor… todavía me acuerdo de algunos sabores, y tu?
- Si. Reacuerdo de la palta, me encantaba comerla. Un manjar.
- Manjar!... ya no lo recuerdo!!... como llegamos a este estado Juan?, porque ya no recuerdo tantas cosas que quisiera recordar, pero que a la vez no me importa no recordarlas?... como la frustración, la frustración que debería sentir y no la siento!!
- … es por esta leche, algo le ponen, estoy seguro.

Sentados en uno de esos sillones se miraban las caras mientras acababan sus vasos de “nueva leche” que, por lo demás, era su único alimento, y es que ya no existía ningún otro.
Jesús seguía cavilando sobre su incapacidad de rememorar algunas sensaciones. Juan miraba el techo blanco, de una luminosidad hipnótica. A su alrededor miles de otros humanos, todos de blanco, reflejando la luz en sus ropas o en sus calvas. Las calvas predominaban en la nueva humanidad, machos o hembras, a la evolución le era indiferente, ciertamente el pelo ya no era necesario.