martes, marzo 14, 2006

1.7

Ahí estaban nuevamente en ese gigantesco galpón blanco y luminoso. Estos monumentales almacenes de personas estaban repletos con sillones de cuerina blanca, los pisos alfombrados color blanco de pared a pared, mesas blancas con jarrones y vasos blancos, todos llenos de ese brebaje blanco muy parecido a la extinta leche.

- Que mierda será esto?
- Anda a saber.
- Ni siquiera tiene sabor… todavía me acuerdo de algunos sabores, y tu?
- Si. Reacuerdo de la palta, me encantaba comerla. Un manjar.
- Manjar!... ya no lo recuerdo!!... como llegamos a este estado Juan?, porque ya no recuerdo tantas cosas que quisiera recordar, pero que a la vez no me importa no recordarlas?... como la frustración, la frustración que debería sentir y no la siento!!
- … es por esta leche, algo le ponen, estoy seguro.

Sentados en uno de esos sillones se miraban las caras mientras acababan sus vasos de “nueva leche” que, por lo demás, era su único alimento, y es que ya no existía ningún otro.
Jesús seguía cavilando sobre su incapacidad de rememorar algunas sensaciones. Juan miraba el techo blanco, de una luminosidad hipnótica. A su alrededor miles de otros humanos, todos de blanco, reflejando la luz en sus ropas o en sus calvas. Las calvas predominaban en la nueva humanidad, machos o hembras, a la evolución le era indiferente, ciertamente el pelo ya no era necesario.